Alpamarca, Andaychagua y Antapaccay, las otras relaveras «extremas» en Perú de Glencore

La gigante suiza de las materias primas Glencore no solo ha categorizado de “extrema” la relavera de la operación Antamina, que comparte con BHP Billiton, Teck y Mitsubishi, basado en las hipotéticas “consecuencias de falla”. Son más las infraestructuras de este tipo en Perú de la compañía que han sido clasificadas con el más alto rango de impacto en el entorno y la población, según se lee en su informe sobre relaveras, hecho público recientemente.

En este documento aparecen tres relaveras cuyo colapso, de suceder, tendría impactos elevados tanto en las comunidades cercanas como en la misma operación. Estos son Alpamarca, Andaychagua y Antapaccay. Tanto Alpamarca como Andaychagua, ubicadas en la sierra central del país, pertenecen a Volcan Compañía Minera, subsidiaria de Glencore. En tanto Antapaccay, ubicada en la localidad de Espinar, en la región Cusco, es totalmente de la compañía suiza.

Glencore califica también de “extrema” relavera de Antamina, basado en hipotéticas “consecuencias de falla”

La relavera de Alpamarca, que hoy alcanza los 40 metros de altura, está en operación desde 2014, mientras que Andaychagua, con 47 metros de altura en estos momentos, siempre según Glencore, lo está desde 2009. Ambas relaveras están activas, al contrario de la presa de relaves de Antapaccay, que alcanza los 75 metros de altura y está cerrada. No obstante, sigue siendo supervisada por personal entrenado de Glencore.

Las relaveras de Alpamarca y Andaychagua han sido construidas con el diseño downstream, el recomendado para zonas altamente sísmicas como el Perú. Ahora bien, la relavera de Antapaccay es un “híbrido” entre downstream y upstream.

¿Pero qué quiere decir “extrema”? La respuesta la dio BHP, la accionista de Antamina en alianza con Glencore y otras. Calcula esta minera que de colapsar la presa clasificada como “extrema” el potencial de vidas en riesgos es cien o mayor a esta cifra. Especifica además que la remediación del ambiente sería “imposible” y que las pérdidas económicas y de infraestructura serían también elevadas.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)