¿Existe el ‘huachicoleo’ a la peruana? Sí, en Piura se reportaron casos

En México el huachicoleo es más que un verbo popular un problema social y policíaco. El gobierno de ese país no ha podido contener el masivo robo de combustible extraído de los ductos de crudo y gasolina de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y que son prácticamente arterias de suministro de energía para al transporte y la actividades productivas del país del tequila y los tacos.

Esta actividad delictiva, que evidenció su alto riesgo el 18 de enero pasado, con la muerte de más de 100 personas que extraían gasolina cerca del municipio de Tlahuelilpan (a 120 kilómetros de Ciudad de México), ha originado que Pemex cierre las cañerías de los ductos con el fin que los “huachicoleros” no continúen arriesgando sus vidas, aunque al hacerlo la petrolera ha entorpecido el sistema de distribución de combustible originando un caos en el abastecimiento doméstico.

El “huachicoleo” mexicano prácticamente viene dando testimonio de la existencia de mafias criminales organizadas alrededor de un negocio clandestino altamente rentable. Esta ilegal práctica no solo ocurre en México, sino también se realiza en países como Nigeria, Irak, Colombia y lamentablemente también tiene su versión peruana, donde el robo de gasolina o petróleo de los ductos genera pérdidas millonarias a las empresas petroleras y a los gobiernos de países en los que estas mafias operan.

El “huachicoleo” mexicano prácticamente viene dando testimonio de la existencia de mafias criminales organizadas

En México las extracciones ilegales de combustible significan una pérdida de US$ 3,000 millones al año, en Nigeria el fisco pierde cerca de US$ 6,000 millones anuales y en Irak, donde el 93% de sus exportaciones es petróleo, se pierden US$ 8,000 millones al año por el robo de combustible en los ductos.  En Colombia, el oleoducto Caño Limón-Coveñas, ubicado entre la frontera del país cafetalero y Venezuela, ha sido atacado más de 60 veces por el crimen organizado y grupos paramilitares para apropiarse del petróleo. Sin embargo, autoridades de esa nación han logrado intervenir cerca de 80 refinería clandestinas, dándole así un duro golpe a la mafia.

HUACHICOLEO A LA NORTEÑA

El Perú no se salva de esta situación. Entre el 2017 y el presente año, Petroperú ha denunciado alrededor de 12 incidentes y atentados contra el Oleoducto Nor Peruano (infraestructura que transporta el crudo desde la selva a la costa peruana), muchos de los cuales responden a cortes de tubería con evidentes propósitos ambientales que derivan en contrataciones laborales, especialmente aquellos registrados en el tramo de la selva del Perú.

Sin embargo Petroperú ha dado cuenta también de incidentes en el oleoducto con evidentes propósitos de robo de crudo en el Oleoducto Nor Peruano (ONP) en especial en el tramo costeño.

El 18 de junio del 2017 la empresa informó que detectó un afloramiento de petróleo en el kilómetro 811 en el desierto de Sechura en Piura, debido a una conexión clandestina efectuada por terceros. Estas personas perforaron la tubería para robar el petróleo. Según Petro-Perú, esta acción deliberada produjo la avería en el oleoducto y la consecuente fuga de petróleo. La empresa precisó que el incidente ocurrió en una zona desértica donde el ducto está enterrado a 1.50 metros haciéndose la denuncia respectiva ante el Ministerio Público y la Policía Nacional del Perú.

En dicha oportunidad la empresa informó que hasta ese momento se habían producido 38 incidentes similares con daño a la tubería en el Tramo II del ONP. Por ello se habían hecho capturas, procesos judiciales e incautación de camiones cisternas.  Lo curioso es que detrás estaba también un sistema artesanal de refinación del crudo extraído de este ducto.

En julio de ese mismo año la Policía Nacional capturó en Piura a los integrantes de la organización criminal conocida como «Los Paisas de Talara», dedicada al hurto y robo agravado de petróleo en crudo de los oleoductos de Petro-Perú y de otras empresas privadas.

El especialista en hidrocarburos y ex presidente de Perúpetro, Aurelio Ochoa, indica que el resguardo de los ductos es complicado porque al ser extensos resultan siendo vulnerables.

“Es complicado, pues, no se cuida todo el recorrido del ducto y en ciertas partes está abandonado  y es ahí donde la gente aprovecha en extraer el combustible. Caso Contrario, si se observara una fuerte presencia de quienes cuidan el ducto no se acercarían a delinquir”, indica.

En el caso del ONP la mayormente de la tubería está en la superficie, siendo visible y no está enterrada, lo que hace atractivo atentar contra esta infraestructura cuando no hay vigilancia.

Ochoa indica que con el tiempo hay personas que se vuelven expertas en cómo cortar la tubería, es más considera que entre ellos existirían algunos mecánicos que saben de tuberías, y que quizá han trabajado en la industria petrolera que se prestan para estos actos.

En México, el grado de sofisticación es tal que se han construido redes paralelas a los poliductos para extraer permanentemente los combustibles, que son hechas por profesionales probablemente de la propia industria. Asimismo, se han detectado casas y bodegas construidas a metros de los ductos donde se “ordeñaban” las tuberías y se almacenaba el combustible, mientras que una tercera modalidad involucra a propios funcionarios de PEMEX quienes con una sola orden de compra cargaban hasta tres tanques cisternas de combustible.  En general, en México se estima que hay alrededor de 12,000 puntos de extracción de combustibles y crudo a los ductos.

En el Perú no solo se atenta contra los ONP para robar crudo, la mayoría de casos de roturas del ducto se vincula a cortes de terceros para liberar crudo y crear la necesidad de demanda de mano de obra para contener el impacto ambiental, según Aurelio Ochoa..

“Algunos nativos de la zona (Loreto) cortan la tubería con una sierra y hacen que el crudo se derrame, y con el derrame, viene la contaminación; y es ahí donde se tiene que contratar para remediar este percance. En ese momento Petroperú llama a los nativos para que hagan ese trabajo, donde, al inicio, se les pagaba 50 soles al día. Luego subió a 150 la paga, lo que incentivó los pobladores a que hagan más cortes, perjudicando reiteradamente al oleoducto”, indica.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)