Gerente general de Perú 2021: «Las empresas no prosperan en sociedades que fracasan»

Perú 2021 es una asociación civil sin fines de lucro que nació en 1994 con la misión de convertirse en un agente de cambio para el desarrollo del país. Su ambición, acaso sueño, es construir “un Perú justo, solidario e integrado”. Desde la década de los noventa Perú 2021 difunde y promueve la responsabilidad social como el único camino coherente de las empresas de hoy y de mañana, como la singular vía para mejora de todos y todo.

La responsabilidad social, empero, no es filantropía sino una metodología de gestión empresarial y hasta cierto punto una forma de entender el mundo y valorar al otro, al prójimo. No existe país sostenible, que equivale a decir con futuro, sin responsabilidad social y no existe empresa responsable que no ponga en primer lugar a las personas y su bienestar. La responsabilidad social, más que una moda pasajera, es un modelo de negocio que el mundo adopta no necesariamente por justo, pero sí por más justo.

Incorpora obligatoriamente los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Visión 2050 del World Business Council for Sustainable Development. En esta entrevista, Micaela Rizo Patrón, gerente general de Perú 2021, habla de los retos sociales y productivos del país, pues al fin y al cabo, ¿de qué sirve generar riqueza si esta no se transforma en mejor educación, si esta no se transmuta en bibliotecas y hasta en igualdad de oportunidades?

¿Las acciones de ODS están muy interiorizadas en las empresas mineras?

En el 2015, 193 países, incluido Perú, firmaron y se comprometieron a cumplir con la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con el propósito de poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad. Los ODS nos dan una guía clara de acción, con 169 metas específicas, que representan la hoja de ruta que permite traducir las necesidades y ambiciones globales en soluciones y oportunidades de negocios, para construir el futuro que todos queremos.

En el mundo, las empresas mineras líderes en el mercado, que lograron un crecimiento significativo en el 2017, consideran como indicadores para su modelo de negocio los ODS. Un ejemplo relevante es el caso de Vale, la segunda empresa minera más grande en el mundo, con operaciones en más de 30 países, que logró en el 2017 una utilidad neta de US $ 5,5 mil millones, que incorpora los ODS, como una herramienta de medición y una estrategia de acción para asegurar su crecimiento sostenible, rindiendo resultados anuales a sus accionistas.

A escala nacional, si bien muchas empresas grandes están comprometidas con el desarrollo sostenible del país a través de sus sistemas de gestión social y ambiental integral, todavía son pocas las que conectan directamente con los ODS y miden su impacto en las metas específicas que los ODS plantean.

En este contexto, Perú 2021 activa el Programa Perú Sostenible para conectar a las empresas con los ODS. Este programa está compuesto por cuatro componentes: el reconocimiento Perú por los ODS, en alianza con Naciones Unidas, El Comercio y KPMG  que busca visibilizar los proyectos que están contribuyendo a los ODS; las mesas de Acción por los ODS, un espacio de intercambio de conocimiento multisectorial y creación de propuestas para contribuir a soluciones de desafíos nacionales alineados a los ODS, generando incidencia pública; el 23 Simposio: Perú Sostenible, el cual estará enmarcado en la Agenda 2030 y este año también contará con un espacio de interacción para la ciudadanía y, por último, una plataforma de contenidos que trabajaremos en alianza con El Comercio que busca conectar a todos los peruanos a través de noticias positivas sobre acciones que están realizando las empresas y los ciudadanos para contribuir a los ODS.

Los desafíos son varios y harto conocidos. Pero creo que todos coincidimos en sostener que la corrupción, que los corruptos y los corruptores, son acaso la principal barrera estructural para el desarrollo. ¿Así también lo entienden en Perú 2021? ¿Se puede hablar de desarrollo sostenible y responsable con niveles de corrupción por las nubes?

Sí, la crisis de corrupción definitivamente ha sido uno de los retos más grandes que ha tenido que afrontar el país en los últimos años. Y literalmente, en muchos sectores ha habido una sensación de estancamiento en el desarrollo del país.

Cuando hablamos de desarrollo sostenible, existe una percepción limitada de que sólo se vincula a problemas ambientales y sociales. Lo cierto es que la sostenibilidad, en esencia,  plantea un enfoque sistémico en el que todo está interconectado. Por lo tanto, está directamente vinculada con la integridad de las instituciones, la ética y transparencia que deben ser pilares de cualquier estrategia de sostenibilidad.

Los retos sociales, ambientales y de gobernanza no van a disminuir y el sentido de urgencia es latente. Por ello, tenemos que avanzar en conjunto, buscando fortalecer la buena gobernanza y legitimidad de las instituciones  a través de una gestión integral que nos permita avanzar hacia el desarrollo sostenible del país.

Escasa productividad, infraestructura deficiente, persistentes brechas de género, rezagos en la calidad de los servicios y otras desigualdades sociales. Este es el Perú para la Cepal. No obstante, y disculpe mi escepticismo, ¿de verdad podemos superar estas barreras estructurales al 2030?

Definitivamente el reto es grande y creo que la solución está en darle la vuelta al problema. Esto va de la mano con el cambio de paradigma que vemos desde la sostenibilidad. Por mucho tiempo se vio la sostenibilidad como un costo para cumplir con exigencias de regulaciones y como responsabilidad social basada en filantropía, ajena al eje central del negocio.

Esto debe cambiar. La sostenibilidad es parte integral de la forma en la que las empresas se gestionan. Los retos que enfrentamos se pueden abordar como nuevas oportunidades de negocio que generan valor compartido para las empresas y la sociedad.

Las empresas no pueden prosperar en sociedades que fracasan. Es por eso que el sector empresarial juega un rol clave y transformador para el cumplimiento de los ODS. Los ODS como lenguaje común y visión compartida potencian la innovación, el crecimiento económico y el desarrollo.

Según el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, alcanzar los ODS podría activar $12 billones al año en valor económico en sólo 4 sectores (agricultura y alimentación, ciudades y transporte urbano, energía y materiales, salud y bienestar), creando más de 380 millones de puestos de trabajo, para el 2030. Es por eso que creo que con el enfoque adecuado podemos darle la vuelta al reto y convertirlo en una gran oportunidad.

¿Lo que hacen mis proveedores me debería importar? ¿Las grandes empresas en el Perú son firmes en sus exigencias con sus proveedores?

100%. Lo que hacen nuestros proveedores es vital para realmente conocer y gestionar todos nuestros impactos. La sostenibilidad implica que las empresas están interconectadas con el sistema del que dependen y al que impactan. A través de enfoques y herramientas de gestión de riesgos, las empresas evalúan cómo conectan con sus grupos de interés. En esa línea, los proveedores son actores claves dentro de la cadena de valor de las empresas que pueden tener impacto directo en la reputación y el desempeño de la empresa a todo nivel.

En el Perú, muchas empresas grandes trabajan con sus proveedores exigiéndoles estándares de calidad cada vez más altos. Es cierto que aún hay mucho camino por recorrer. Ya que en la mayoría de PYMES, predomina la informalidad. Este es uno de los principales retos que las empresas grandes afrontan en el trabajo con sus proveedores. Por ejemplo, en el sector minero alrededor de 250 mil personas trabajan de manera informal.

Las empresas grandes juegan un rol clave en poder potenciar la formalización de las PYMES a través de sus cadenas de valor. Desde Perú 2021 uno de los programas que promovemos en alianza con el Global ReportingInitiative (GRI), es justamente para promover que las empresas fomenten el uso de herramientas como el reporte de sostenibilidad GRI para que puedan apoyar a sus proveedores con herramientas de gestión para mejorar sus procesos. Al exigir mayores estándares a sus proveedores PYMES,  brindando herramientas de gestión como acompañamiento, las empresas pueden impactar positivamente su cadena de valor.

¿Las empresas, y en este caso las del sector extractivo, tienen una verdadera voluntad de cambiar el patriarcado en el que vivimos por un contexto laboral mucho más justo, uno que incluya a las mujeres en la misma proporción que incluye a los hombres?

Si bien este es un tema que venimos escuchando con mayor frecuencia en distintos medios, en el Perú, la brecha de equidad laboral entre hombres y mujeres todavía es alta. Según la OIT, en el Perú el hombre participa en un 14% más que la mujer en la fuerza de trabajo.

También hay muchos aspectos adicionales que debemos tomar en cuenta como, por ejemplo, la brecha salarial: como señaló un reciente artículo en Gestión, las mujeres ejecutivas en el Perú ganan 25% menos que sus pares hombres. La voluntad de hacer el cambio debe verse acompañada de acciones tangibles que contribuyan a que estas brechas se acorten.

Hoy existen distintas iniciativas que apuntan a reducir estas brechas, como por ejemplo el ranking PAR que promueve la empresa social Aequales. Este es un diagnóstico anual, gratuito y confidencial que mide la equidad de género y la diversidad en las empresas, premiando las buenas prácticas laborales que vienen realizando las organizaciones en su camino de promover la equidad de género.

¿Cuál es el nuevo paradigma de desarrollo económico? ¿Es hoy en día más importante el crecer que el cómo se crece en términos macroeconómicos?

Enfocándonos en el Perú, creo que un nuevo paradigma relevante es el que planteó Fernando Zavala a través del Informe del Consejo Privado de Competitividad presentado en la CADE 2018, que es crecer aumentando nuestra productividad.

El hecho que Perú esté primero en el indicador de estabilidad macroeconómica del Ranking de Competitividad Mundial 2018 del WorldEconomicForum (WEF) no refleja por ningún lado todos los retos que aún tenemos como país. El contraste es chocante al revisar los indicadores de institucionalidad y de infraestructura, donde estamos en  el puesto 90 y 85 del ranking mundial, respectivamente.

Dicho eso, creo que el cómo se crece es lo más importante, poniendo énfasis en un crecimiento productivo que nos lleve a un desarrollo sostenible. Perú tiene múltiples ventajas competitivas para aumentar la productividad y en mi opinión para lograrlo la clave está en un enfoque de desarrollo con triple impacto, donde las prioridades económicas, sociales y ambientales van de la mano.

¿Qué es exactamente la “inversión de impacto social”, y qué están haciendo los empresarios del Perú para introducir el concepto?

La inversión de impacto (no es únicamente social, también puede ser ambiental) es la inversión en proyectos o emprendimientos que además de retorno financiero, intencionalmente buscan generar un impacto medible en respuesta a problemáticas sociales y ambientales, muchas veces vinculadas a poblaciones vulnerables. La inversión puede tomar distintas formas y darse  bajo diferentes mecanismos: desde préstamos hasta inversiones de capital.

La inversión de impacto es distinta a la inversión responsable. Esta última considera la medición de criterios ESG en las decisiones de inversión, pero se prioriza la rentabilidad. En esta línea, en los últimos años en el Perú,  se viene desarrollando el  PIR (Programa de Inversión Responsable) por ejemplo.

En el caso de inversión de impacto, en América Latina se invierte mediante este mecanismo alrededor de USD 800 millones. Los países que destacan en términos de inversión de impacto son Brasil – que tiene la mayor participación con USD 180 millones invertidos -, México y Colombia – con USD 100 y USD 50 millones, respectivamente.

En  el Perú aún no es representativo el monto de inversión de impacto, nos encontramos en una etapa donde el rol del empresariado se centra en generar espacios de conversación y empezar a asumir riesgos, primero conservadores, pero que permitan mostrar resultados del mecanismo para que otros actores se involucren y así poder empezar a escalar esta modalidad de inversión.

Perú2021, a través de su unidad de emprendimiento socio ambiental, Kunan  está desarrollando un diagnóstico junto a Nesst, Aporta,  Confiep y Helvetas para evaluar el estado de la inversión de impacto en el Perú.

El mundo, en gran medida, se dirige hacia las economías denominadas verdes; el planeta se descarboniza. No obstante, unos países lo hacen más rápido que otros. ¿Por qué nuestro país lo hace tan lento? Un ejemplo concreto es que varias naciones de Sudamérica, Chile, Colombia…, cuentan ya con un marco legal para adoptar la electromovilidad y aquí es solo un bosquejo, si es que hay un bosquejo al respecto. ¿A qué se debe la demora de este tipo de políticas públicas en nuestro país, estrechamente, creo, ligadas a los ODS y por consiguiente a la sustentabilidad?

Creo que nuestra demora se debe a la frágil gobernanza e institucionalidad que vivimos como país  a todo nivel: sector público, sector privado y sociedad civil, donde además son muy pocas las sinergias entre sectores.

Podemos identificar distintas brechas específicas como la informalidad o la falta de conocimiento, pero creo que en general como país, tenemos el gran reto de consolidar nuestra gobernanza para que se activen los cambios necesarios y que podamos maximizar las oportunidades que tenemos como país en nuestro camino al desarrollo sostenible. Como enfatiza el ODS #17, las alianzas son clave para juntos construir el Perú del futuro que todos queremos.

Ustedes han elaborado una guía de los objetivos de desarrollo sostenible para los CEO. Ahora bien, ¿a estos les importa? ¿Les debería importar sobremanera?

La guía fue elaborada por el World Business Council forSustainableDevelopment (WBCSD), la organización mundial que agrupa a las 250 líderes del mundo representadas por sus CEOs comprometidos con acelerar la transición hacia el desarrollo sostenible en el mundo. Perú 2021 es el representante local del WBCSD en el Perú. Y sí, es una herramienta sencilla que les permite a los CEOs entender el valor, las oportunidades y de qué manera se pueden alinear los ODS al modelo de negocio. Para cualquier CEOs interesado en involucrarse con la gestión sostenible de sus empresas, es una valiosa herramienta  de introducción a uno de los principales indicadores mundiales para medir el avance del desarrollo sostenible, los ODS.

¿Hoy basta con hacer filantropía para pegarse la etiqueta de empresa socialmente responsable? ¿Es que hemos caricaturizado el concepto de “socialmente responsable”?

No y creo que es importante aclarar algunos conceptos.

Existe una herramienta valiosa (desarrollada por Wayne Visser, 2015) que diferencia y categoriza las distintas etapas de responsabilidad social empresarial (RSE) por las que pasan las empresas. Este modelo categoriza la evolución de la RSE en 5 etapas: defensiva, filantrópica, promocional, estratégica y transformativa.

Por décadas, el concepto clásico de RSE se ha asociado a la etapa filantrópica, donde las empresas realizaban (y realizan todavía) acciones caritativas, ajenas al eje central del negocio. En el camino de evolución de la RSE, la etapa siguiente es más estratégica, en la que a través de un sistema de gestión, basado en la identificación de riesgos vinculados a los grupos de interés con los que se relacionan las empresas, se incide en la creación de valor compartido en la sociedad, a través de acciones y proyectos de RSE vinculados directamente al eje central del negocio.

Creo que, en el Perú, cada vez son más las empresas que entienden que la responsabilidad social no es filantropía. Aún así, hay mucho camino por recorrer para que más empresas conecten con estrategias de generación de valor compartido y los múltiples beneficios y oportunidades que significa esta forma de hacer negocio.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)