¿Qué pensaría de Quellaveco y Tía María si bebiera agua con arsénico y boro?

Quellaveco, un emprendimiento de US$5,300 millones de  Anglo American y Mitsubishi, está siendo construido en la región de Moquegua. Hace algunos días el acceso al proyecto, al que acusaron de contaminar el entorno, fue bloqueado por la población local. Las protestas contra el desarrollo del depósito de cobre surgieron luego de encendidas las manifestaciones en contra de Tía María, otro proyecto de cobre cercano, en la vecina región de Arequipa. Tía María y Quellaveco son elementos de un ecosistema muy parecido; comparten tres cuencas: Tambo, Locumba e Ilo-Moquegua, y para Leopoldo Monzón, gerente general de la consultora minera Proesmin, el problema en el sur no es solo de Southern sino de toda gran minería que quiera sacar adelante algún yacimiento pero particularmente del Estado.

Un estudio poco ortodoxo de Proesmin (a través del WhatsApp) en la zona de estas cuencas reafirmó lo que otras investigaciones han hallado: que la percepción de la población con respecto a la actividad minera es negativa: ellos contaminan, ellos no traen desarrollo. El estudio ha sido presentado en el conversatorio “Quellaveco: mitos y verdades del proyecto minero”, en el auditorio del Consejo Departamental de Lima del Colegio de Ingenieros del Perú.Entre las diversas opiniones sondeadas por el estudio de percepción, una destaca: el grueso de la población opina que el avance de los proyectos mineros debería ser en simultáneo a los proyectos productivos, la construcción de infraestructura y la habilitación de servicios básicos, etcétera.

Alrededor de 38,000 familias peruanas habitan las cuencas de Ilo-Moquegua, Tambo y Locumba, y para Leopoldo Monzón, el foco de desarrollo debe ser en conjunto y en esta amplia zona del sur. Las gentes de estos lugares beben agua contaminada con arsénico y boro desde tiempos inmemoriales. Se trata de agua y arsénico sustraída del subsuelo y que antes ha entrado en contacto con los Andes, altamente mineralizados. ¿Pero a quién culpan por eso? Y más aún: ¿quién ha soslayado sus responsabilidades como autoridad? “El agua en esos 38 distritos no se trata; se lo hemos dicho al Ministerio de Vivienda», indicó Monzón. “No podemos perder tiempo explicando que el agua está naturalmente contaminada con boro y arsénico, debemos resolver el problema ya”. “SI ustedes tomaran agua con arsénico y boro, ¿qué pensarían de la minería’?” La solución para Monzón es simple: un filtro para que estos peruanos beban agua limpia.

Otro asunto importante es la escasez de agua en estas cuencas en temporadas de sequía y abundancia en meses de lluvias. El agua fresca se pierde y con ella las oportunidades de fomentar la agricultura. Unas 25,000 hectáreas con potencial para dar trabajo 32,000 personas es lo que Estado deja de generar por no haber invertido antes de represas, reiteradamente estudiadas y eternamente demoradas. En estas cuencas, se pueden represar unos 3,500 litros por hora, proyectó el representante de Proesmin.

Un estimado a mano alzada de Proesmin indica que con unos US$1,000 el Estado podría resolver todos estos urgentes problemas y demandas de la población de estas cuencas, garantizar de ese modo el avance de los proyectos mineros (hay 25 yacimientos entre estos tres valles, algunos están siendo explotados pero otros están todavía en etapa de prefactibilidad o factibilidad) y, a juicio de Leopoldo Monzón, recuperar el principio de autoridad. “Después de construido todo, si alguien me tapa una carretera, lo meto preso porque yo ya hice, pero hoy nada está hecho”, afirmó. “El Gobierno tiene que entender que las poblaciones quieren resultados inmediatos”.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)