QUELLAVECO, HISTORIA DE UN DESAFÍO

QUELLAVECO, HISTORIA DE UN DESAFÍO

Dos aspectos suelen ser constantes y destacados cuando se habla de la historia de Quellaveco: la presencia de Southern Perú en su cronología y la demora en su desarrollo

Por Manuel Marticorena

Pese a lo que muchos puedan pensar, Quellaveco no es un proyecto nuevo. El sabio italiano Antonio Raimondi en su libro El Perú de 1938 menciona el área como “Depósito Quellaveco”, siendo un área reconocida por su extensa dimensión de presencia de cobre. Para estos años, la propiedad había sido denunciada por el explorador arequipeño Juan Oviedo Villegas, quien no solo visualizó este yacimiento, sino los de Toquepala y Cuajone.

En lengua aimara Quellaveco significa lugar de cenizas.

Chuck Prebble, ex hombre fuerte en Southern Perú CopperCorporation, escribe en su libro Un Minero Americano en Perú (2016) que Oviedo sabía acerca de las características de los pórfidos chilenos, por lo que inició la búsqueda de áreas geológicas similares en el Perú.

“Él no era ni ingeniero ni geólogo, pero desde una edad muy joven se había interesado en los yacimientos minerales. Él había buscado por el sur del Perú indicaciones de depósitos de pórfidos similares a los que se habían encontrado en los Andes chilenos”, explica.

Oviedo llegó a ubicar lo que serían los pórfidos más importantes del país durante su historia minera, pero cuyos desarrollos se realizarían en distintos tiempos.

Una vez denunciado el depósito, Oviedo ofreció el proyecto a la empresa Cerro de Pasco Corporation (CPCC), la que fuera la mayor minera de esos años, y que tenía el control de casi la totalidad de las exportaciones mineras del Perú. La empresa había decidido ampliar sus operaciones con el desarrollo de nuevos depósitos en zonas distintas a la sierra central. En ese sentido la compañía estaba motivada para adquirir nuevas áreas tanto en el sur como en el norte del Perú.

CPCC tomó la opción de compra de Toquepala y Quellaveco. En esta última emprendió actividades de exploración para el posible desarrollo de una mina subterránea, la cual demandaría alrededor de 22 galerías. Considerando la época y lo difícil que se tornaba la explotación de cobre diseminado, CPCC decidió abandonar dicha opción de compra en 1941, focalizándose en Toquepala (Tacna), proyecto que tampoco pudo ejecutar por la ingente demanda de capitales que requería, y que solo se pudo lograr con la asociación de cuatro accionistas que constituyeron Southern Perú Copper Corp. Y de la que CPPC formaría parte.

Desde 1947 a 1952, la minera de capitales estadounidenses Northern Perú Mining and Smelting Company ejecutó un programa de perforación mucho más intenso que CPCC, sin convencerse de las posibilidades del proyecto.

Lo curioso de esta historia es que Southern Perú Copper Corp. tuvo entre sus manos el proyecto. Según Prebble, Quellaveco formó parte del acuerdo de explotación que SPCC tenía con el Gobierno por la explotación de Toquepala y la construcción de la Fundición de Ilo.

“Este primer acuerdo con el Gobierno peruano incluyó la concesión de Quellaveco, pero tenía que ser tratado de forma independiente”. Sin embargo, SPCC quería también incluir a Cuajone en el acuerdo y tras años de negociaciones SPCC logró integrar Cuajone, siendo  excluido Quellaveco del convenio de ejecución y desarrollo ofrecido por la empresa al Estado en 1954.  “El retiro de Quellaveco como un depósito que sería desarrollado por SPCC llegará a ser un problema en 1972”, revela Prebble.  

En efecto, SPCC hizo estudios de exploración, mediante un intenso programa de perforación diamantina de cerca de 4,300 metros durante gran parte del tiempo que mantenía este proyecto en su cartera de depósitos a desarrollar en el futuro; pero esta actitud se encontró con el programa de estatización del Gobierno de Juan Velasco Alvarado.

La excusa para el pedido de devolución del proyecto es que SPCC no había cumplido con las exigencias de operaciones establecidas por la Ley Normativa de Minería, revirtiendo al Estado peruano los derechos y siendo  estos asignados a Minero Perú, empresa estatal recientemente creada, la que continuó con los estudios de trabajo y exploración que incluyeron un programa de perforación de 15,331 metros, estudios geofísicos de polarización inducida, análisis y estudios de laboratorio petro – minerográficos.

TIEMPOS DE DIÁLOGO

En lengua aimara Quellaveco significa lugar de cenizas. El depósito se encuentra en una zona volcánica, lo que le ha generado desafíos ambientales a superar por la ingeniería que se aplicará en su desarrollo. Junto a Antamina y Toromocho, este proyecto ha sido uno de los emblemas de las nuevas concesiones mineras otorgadas por el Estado a partir de los 90 y que formaron parte del prometedor esquema donde el Estado dejó al sector privado el desarrollo de la actividad minera.

Dicho proceso se inició en diciembre de 1992, con la privatización de Hierro Perú a Shougang Corporation. Quellaveco fue el segundo activo en ser privatizado en un concurso realizado el 19 de diciembre de 1992 a la filial de Anglo American, la chilena Mantos Blancos, que ofreció un monto de US$12.8 millones (pagados en tres cuotas: US$ 3´600,000 al contado y dos cuotas anuales de US$ 4´200,000 (con un interés del 6% anual sobre el saldo) y el compromiso de inversión de US$562 millones en el proyecto.  El contrato de entrega de la concesión se celebró en febrero de 1993.

Lo curioso del proceso es que Southern Perú Copper Corp. se presentó como uno de los postores del proyecto puesto a concurso, sin lograr adjudicárselo. Poco tiempo después Anglo American vendió el 18.1% del proyecto a la japonesa Mitsubishi.

La privatización del proyecto Quellaveco se dio bajo la Ley de Promoción de Inversiones en el Sector Minero, promulgada el 6 de noviembre de 1991 y que ofrecía una serie de acciones para garantizar la protección de la inversión privada.

La concesión de Quellaveco por ser una de las primeras revistió todo un ejemplo para las demás concesiones. A Mantos Blancos no se le impuso ningún plazo para el desarrollo del proyecto ni menos un programa de exploraciones. Se estimaba que el propio mercado definiría un cronograma; sin embargo, esto no fue así, pues pese a que cada vez más se lograba valorizar, durmió el sueño de los justos por 26 largos años.

Pero eso no fue todo: el impulso de la minería a partir de las concesiones y la inversión intensa en este sector, generó un desafío adicional: el socio ambiental. En el libro “Las Bambas, un modelo de desarrollo sostenible”, editado por Proinversión  en setiembre del 2005, se destaca que fue a partir de Quellaveco y otros proyectos mineros concesionados que se puso sobre el tapete la necesidad de buscar soluciones que satisfagan las expectativas de todos los que participan en un proyecto minero (Gobierno, empresa y comunidad). En ese sentido se incorporó el concepto de desarrollo sostenible, es decir: inversión minera con responsabilidad ambiental y social.    

Quellaveco tuvo el inconveniente de ser un proyecto donde la demanda social era muy intensa. En ese sentido, había una preocupación constante respecto al uso de las aguas subterráneas por la futura mina. Pero además fue un proyecto donde se demostró la enorme tolerancia de los involucrados para  llegar a un consenso entre empresa, Estado y grupos sociales.

En marzo del 2011, a iniciativa del Gobierno Regional de Moquegua, se inició la mesa de diálogo, entre la sociedad civil moqueguana, Gobierno y la empresa Anglo American, para tratar tres puntos: recursos hídricos, medio ambiente y responsabilidad social. Se trata de uno de los espacios de diálogo más intensos y abiertos de la historia de la minería moderna, sobre todo porque estaba integrado por 31 miembros de los diferentes gobiernos locales, sociedad civil y Gobierno central.

Uno de los aspectos fundamentales fue el cuidado del agua destinada al consumo humano y agropecuario. Se confirmó la intangibilidad de las aguas reservadas para la población y la actividad agrícola, y se lograron compromisos que permitirían, adicionalmente, mejorar la disponibilidad de agua en la región.

La empresa se comprometió a la construcción de la presa Vizcachas de 60 millones de m3, la que debe proveer de agua al Valle de El Tambo, Moquegua y la mina Quellaveco. Igualmente, se planteó un sistema de almacenamiento y regulación de agua de hasta 2.5 millones de m3 del río Asana.

La mesa de diálogo también tuvo como objetivo dejar en claro el sistema de control ambiental, para lo cual se exigió la implementación de medidas que mitiguen los posibles impactos de la ejecución del proyecto, en sus diferentes etapas: construcción, operación y cierre de mina. La empresa se comprometió a controles ambientales adicionales que permitirían proporcionar mayor tranquilidad y confianza a los representantes de la sociedad civil respecto a la ejecución del proyecto. Incluso se trabajó una alternativa de cierre de mina que restaurara el cauce del río Asana al final de la operación minera utilizando la metodología de codisposición.

La discusión y debate alrededor de estos puntos se dieron luego que se aprobó el Estudio de Impacto Ambiental, que llevó a una serie de reuniones convocadas por la empresa para informar acerca de las características de ese documento y dejar satisfechas las inquietudes de los 31 grupos de interés, liderados por el entonces Gobernador de esta región, Martín Vizcarra.

“El Ejecutivo, el Gobierno Regional, la población de la zona de influencia, entre otros sectores, estuvieron presentes en un diálogo que se caracterizó por ser alturado, por no tener jerarquías, y porque cada voz que se alzaba tenía el mismo valor para todos”, declaró Vizcarra en el 2012,.

Eduardo Rubio es quizás uno de los ejecutivos de mayor contacto con la prensa desde que Anglo American tomó la concesión en 1993. Conoce todos los pormenores del proyecto y todas las aristas que se ha tenido que limar para hacerlo viable, destacando que el proceso de diálogo que ha tenido la empresa con la sociedad vinculada al proyecto, el cual es un modelo que se espera replicar en el resto de emprendimientos que tiene la empresa en el mundo.

“En el Perú nos llaman la compañía con corazón, porque cuando adquirimos Quellaveco reconocimos que necesitábamos tener compromisos positivos y correctos de nuestros accionistas locales. Sin embargo, fue un largo proceso, por lo que ahora somos percibidos al ser un modelo para la consecución de la licencia social para operar. Esta experiencia ha ido más allá del Perú.  En otros países la gente reconoce que la mesa de diálogo celebrada entre Anglo American y las comunidades involucradas fue muy exitosa”, comentó Rubio en un mensaje a toda la compañía por sus 100 años de vida corporativa.

La mesa de diálogo se cerró en el 2012 logrando 26 acuerdos y un fideicomiso social de US$1,000 millones para contribuir al desarrollo sustentable de la región Moquegua. Todo fue fruto del diálogo.

Una vez establecidos los acuerdos la empresa inició las gestiones para los permisos y la evaluación técnico- económica del proyecto.

LOS TIEMPOS DE ANGLO AMERICAN

Pero además de los rigores sociales que tuvo que enfrentar el proyecto también estuvieron los tiempos de la empresa. Anglo American manejaba su propio cronómetro sobre cómo se ubicaba el proyecto peruano dentro de su esquema de inversión a nivel mundial.

Según explicó a un diario local Luis Marchese, gerente general de su filial en el Perú, “Quellaveco tenía dificultades para competir con los yacimientos en Chile. Lo digo por la calidad de las leyes de sus yacimientos. En el año 1995 y 2000 había leyes de uno punto y pico  en Chile, y Quellaveco  no llegaba a competir con ellos”, indica.

Explica que hoy Quellaveco es competitivo por el hecho de que han bajado las leyes en Chile, precisó un orgulloso Marchese. Sin embargo, el ejecutivo también reconoce que la caída de los precios internacionales del cobre también tuvo mucho que ver en el hecho de que no se haya tomado la decisión de desarrollar el proyecto antes. 

Anglo American tuvo que enfrentar desde el 2013 un sobreendeudamiento que no le permitía respirar, menos aún impulsar un proyecto de la naturaleza de Quellaveco. La minera perdió US$5,600 millones en el 2016 por el desplome de las materias primas, mientras que en el 2015 ya había perdido otros US$2,500 millones.  

Todo esto llevó a Mark Cutifani, CEO de Anglo American, a realizar una reestructuración de sus operaciones con el objetivo de darle impulso a la corporación, vendiendo activos, saliéndose de algunos mercados, dejando proyectos de poca rentabilidad en Chile, deshaciéndose de minas de carbón en Australia y operaciones marginales de platino en Sudáfrica.

La débil situación de Anglo American llevó incluso a Southern Perú (ex Southern Perú Copper Corp.) a plantear la posibilidad de una sociedad para el desarrollo del proyecto.

Su presidente ejecutivo, Óscar González Rocha, daba cuenta de que existen sinergias que podrían ser aprovechadas,  teniendo en consideración que su corporación tiene una red ferroviaria que permitiría transportar el mineral; una fundición y una refinería, que le agregaría valor a los concentrados extraídos en Quellaveco. La propuesta no fue aceptada y Southern Perú, por tercera vez, se despidió del proyecto.

Con el arranque de su construcción y el posterior comienzo de operaciones, Quellaveco planteará nuevos hitos. Quizás el más importante es aquel que permitirá el desarrollo de la región Moquegua, que a su vez está demostrando una capacidad de diálogo con el sector privado para lograr un beneficio mutuo, que finalmente será lo más importante de este proyecto.

*Este artículo apareció en la edición 65 de la revista Energiminas que puede revisar aquí.

 

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)